realidad

Hoy me di cuenta de algo que no pasaba por mi mente desde hace mucho tiempo, se trata de la vida y el presente, y más importante aún sobre las palabras, los pensamientos, la existencia y la perspectiva. Mientras que es posible describir muchos pensamientos, las sensaciones y experiencias son un misterio en sí.

Acostada en el sillón y odiándome profundamente por soñar, abofeteándome cada vez que pensaba en mí misma desde una tercera persona o desde un futuro, como si todas mis acciones fueran observadas y juzgadas desde un futuro, no importa si fuera cercano o lejano. Esa noción del yo bajtineana en que existo desde el reflejo en la retina del otro, de que me pienso pensándome en el pensamiento ajeno, entendí que no estaba viviendo mi propia vida.

La ensoñación compulsiva es algo que tengo desde que puedo recordar, un juego de pretención en donde desearía que no fuera un juego sino una certeza sobre mi propio futuro. Cuando faltaban amistades, soñaba en amigos; cuando faltaba amor, soñaba en una pareja; cuando faltaba expresión, soñaba en el arte; cuando faltaba sentido, soñaba. Recuerdo aquellos veranos sin nada que hacer, encerrada en la burbuja de mi casa, caminando sin parar mientras escuchaba música que pudiera transportarme a otro lugar, a otro tiempo, a cualquiera menos a la triste realidad del presente.

Mi vida estaba tan carente de cualquier justificación que construía no un libro, sino una biblioteca entera de mí — en mí. Cada pensamiento era un manual, cada situación era una película, cada idea era un juego, cada emoción era una canción. Incluso si no me pertenecieran o si fuera pura ficción, vivía en esta virtualidad liminal entre el dormir y lo onírico, sólo despertando cuando el dolor era demasiado insoportable, para volver a dormir cuando regresara la calma sensorial de una manta, una almohada y una cama.

Con el tiempo, empecé a recuperarme de este estado tan profundo de depresión. Sigo siendo la misma persona, pero algunas condiciones han mejorado mucho, mientras que otras parecieran sólo haber ido a peor. Quizá la peor de todas es la incapacidad de ser yo misma, de tener una visión en primera persona de quien soy, quien fui y seré; pues cada pensamiento material se construía en base a un guión borroso, entre tinta y gotas nacidas del dolor. El vacío existe dentro de cada uno, tomando la forma de un ser que se ríe de la eternidad.

Es imposible no ser uno mismo — yo estaré atrapada en mi cuerpo, pues si no me encontrara ahí, no sería yo; pero es posible soñar con tu propio reflejo, es posible explorar el más allá. Si realmente vale la pena, depende de cada experiencia invidividual, de cada miedo con forma de anhelo. Estar fuera de mí me convirtió en mi propia carcelera, y no estoy segura de que esto sea vivir. Mi verdadero nombre suena extraño en mis propios labios cuando sólo yo puedo escucharlos.

Una rasgadura de esta realidad me ha dado el permiso de sentir sin propósito, de ver y hablarme a mí misma; y sentí libertad, un orgullo en obedecer el silencio del preciso momento. No vas a entenderlo nunca, y así es mejor para mí, para todos. Estaba encerrada en una historia en tercera persona, una escritora fantasma con los pies embarrados de tinta, todo lo que sentía no era para mí, sino para un cuento sin principio ni fin, sin presencia ni alcance. ¿Y ahora? No lo sé. Te invito a la realidad.